La sinodalidad es un estilo, una cultura, una forma de pensar y ser que refleja la verdad de que la Iglesia es guiada por el Espíritu Santo, quien permite que todos ofrezcan su propia contribución a la vida de la Iglesia. Este proceso sinodal busca “fortalecer la cooperación” en todas las áreas de la misión de la Iglesia, para mejorar la comunión, la participación y la misión.
Aunque “la sinodalidad es una expresión de la naturaleza de la Iglesia, su forma, estilo y misión” (Papa Francisco, 18 de septiembre de 2021), la Iglesia de nuestros días carece del hábito y la práctica de la sinodalidad. Esto es lo que el Papa Francisco nos invita a examinar y discernir para el futuro.
La sinodalidad también se refleja en un estilo de gobierno sinodal, en el que las personas participan en la toma de decisiones, comparten la responsabilidad por la misión de la Iglesia y cooperan y colaboran más en la vida cotidiana de la Iglesia. Algunos lo llaman “corresponsabilidad”. La Iglesia no es ni una monarquía ni una democracia. El Papa Francisco ha dejado claro que el sínodo no es un parlamento, ni una convención, ni una encuesta de opinión. Aunque tiene muchos elementos familiares a los procesos políticos y similares –escuchar, hablar, votar–, lo que diferencia a un Sínodo es que es un proceso espiritual que tiene lugar dentro de la Iglesia. “El Sínodo es un evento eclesial, y su protagonista es el Espíritu Santo. Si el Espíritu no está presente, no habrá Sínodo” (Papa Francisco, 09 de octubre de 2021).
